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Textos Elegidos: La Oración, Un Encuentro Con Dios y Con Nosotros Mismos

Palabras de Inspiración con algunas reflexiones acerca de la oración como un espacio donde no sólo nos encontramos con Dios sino también con nosotros mismos.

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Textos Elegidos: La Oración, Un Encuentro Con Dios y Con Nosotros Mismos.

Palabras de Inspiración con algunas reflexiones acerca de la oración como un espacio donde no sólo nos encontramos con Dios sino también con nosotros mismos.

"Paloma mía, que estás en los agujeros de las peña,
en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro,
hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya,
y hermoso tu aspecto."

Cantar de los Cantares 2:14

"El cristiano del mañana será un místico, uno que ha experimentado algo, o ya no será nada"

Karl Rahner. Citado por Ignacio Larrañaga en Muéstrame Tu Rostro.

"Hoy el mundo necesita más que nunca una vuelta a la contemplación... El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del 'desierto' como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara."

A. Hortelano. Citado por Ignacio Larrañaga en Muéstrame Tu Rostro.

"Una vida de oración es una vida con las manos abiertas, en la cual no nos avergonzamos de nuestra debilidad, sino que nos damos cuenta de que para nosotros es mejor ser guiados por el Otro que conservar todo en nuestras propias manos."

Henri Nouwen. Palabras con Henri Nouwen. Aceptar nuestra debilidad.

"...A nivel espiritual el hombre es, según el pensamiento de san Agustín, como una saeta disparada hacia un universo (Dios) que, como un centro de gravedad, ejerce una atracción irresistible sobre él, y cuanto más se aproxima a ese Universo, mayor velocidad adquiere. Cuanto más se ama a Dios, más se le quiere amar. Cuanto más se trata con Él, más ganas entran de tratarlo. La velocidad hacia El está en proporción a la proximidad de El.

Sin darnos cuenta, debajo de todas nuestras insatisfacciones corre una corriente que se dirige hacia el Uno, el único Uno capaz de concentrar las fuerzas del hombre y de aquietar sus quimeras."

Ignacio Larrañaga. Muéstrame Tu Rostro. Cuanto más se ora, más se quiere orar.

"...La oración crea esa apertura en la cual Dios se nos entrega. De hecho, Dios quiere que se lo admita en el corazón humano, que se lo ame con el mismo amor con el que fuimos creados."

Henri Nouwen. Palabras con Henri Nouwen. Apertura.

"Para encontrar a Dios, deberé primero encontrarme a mí mismo. Deberé estar primero conmigo. Y normalmente, no lo hago. Pues si me observo, descubriré que mis pensamientos van vienen, que estoy en cualquier otro lugar con mis pensamientos, menos conmigo. No tengo contacto conmigo, los pensamientos me sacan de mí y me llevan a otra parte. No soy yo quien piensa, sino que algo piensa en mí, los pensamientos se independizan, recubren mi yo propiamente dicho.

El primer acto de esta oración es que entro en contacto, por primera vez, conmigo mismo. Es lo que nos enseñaron los Padres de la Iglesia y los primeros monjes. Por ejemplo, Cipriano de Cartago decía: '¿Cómo puedes pedirle a Dios que te escuche si tu no te escuchas a ti mismo? Quieres que Dios piense en ti, y ni tú piensas en ti...'

Si tú mismo no estás contigo, ¿cómo quieres que Dios esté contigo? Si no habito en mi casa, Dios tampoco podría encontrarme si viniera a mí.
Escucharme significa escuchar mi verdadera esencia, entrar en contacto conmigo, pero también quiere decir escuchar mis sentimientos y necesidades, escuchar lo que se mueve en mí.

La oración no es una huida piadosa de mí mismo, es, antes que nada, un encuentro sincero y despiadado. Así, dice Evagrio Póntico: 'Quieres conocer a Dios; conócete primero a ti mismo.' No se trata de hacer psicología de la fe, sino de una premisa necesaria de la oración.
Si huyo con palabras o sentimientos piadosos, la oración no me conducirá a Dios, sino que me llevará por vastas zonas de mi fantasía. Debo primero escuchar sinceramente lo que hay dentro de mí.

En el encuentro con Dios debo encontrarme a mí mismo. En este sentido, no podemos decir qué sucede primero: si el encuentro con nosotros mismos como premisa para el encuentro con Dios o el encuentro con Dios como premisa para el encuentro con nosotros mismos. Ambos se condicionan mutuamente y se profundizan entre sí."

Anselm Grün. Con el Corazón y Todos los Sentidos. La Oración.

"Dios no cambia. El es el definitivamente pleno y, por consiguiente, Inmutable. Está, pues, inalterablemente presente entre nosotros, y no admite diferentes grados de presencia.
Lo que realmente cambian son nuestras relaciones con él según el grado de fe y amor.

La oración hace más densas esas relaciones, se produce una penetración más entrañable del yo-tú a través de la experiencia afectiva y el conocimiento gozoso, y la semejanza y la unión con él llegan a ser cada día más profundas.

Ocurre lo que con una antorcha dentro de una oscura habitación. Cuanto más alumbra la antorcha, mejor se ve la 'cara' de la habitación, la habitación se hace 'presente', aunque la habitación no cambie.

Cualquiera de nosotros podemos experimentar que cuando más profunda es la oración, siente a Dios más próximo, presente, patente y vivo. Y cuanto más resplandece la gloria del rostro del Señor sobre nosotros (Salmo 30), los acontecimientos quedan envueltos en un nuevo significado (Salmo 35) y la historia queda 'poblada' por Dios; en una palabra, el Señor se hace vivamente presente en todo. No hay juego de azar, sino un timonel que conduce los hechos con mano segura.

Cuando se ha 'estado' con Dios, él va siendo cada vez más 'Alguien' por quien y con quien se superan las dificultades, vencen las repugnancias - y éstas se truecan en dulcedumbres -; se asumen con alegría los sacrificios, nace por doquier el amor. Cuanto más 'se vive' a Dios, más ganas de estar con él, y cuanto más se 'está' con Dios, Dios es cada vez más 'Alguien'. Se abrió el círculo de la vida.

Y en la medida en que el hombre contemplador avanza en los misterios de Dios, Dios deja de ser idea para convertirse en Transparencia y comienza a ser Libertad, Humildad, Gozo, Amor, y progresivamente se va transformando en fuerza irresistible y revolucionaria que saca todas las cosas de su sitio: donde había violencia, pone suavidad; donde había egoísmo, pone amor y cambia por entero 'la faz' del hombre.

Si el contemplativo sigue avanzando por las oscuras rutas del misterio de Dios, fuerzas desconocidas desatadas por el amor empujan al alma por la cuesta adentro del Dios vivo, por una pendiente totalizadora según y dentro de la cual Dios va siendo cada vez más el Todo, Único y el absoluto, como en un torbellino en el que el hombre entero es tomado y arrastrado, mientras se purifica y las escorias egoístas se queman en el fuego... Dios acaba por transformar al hombre contemplador en una antorcha que arde, incendia y resplandece (Jn 5:3). Pensemos en Elías, Juan el Bautista, Francisco de Asís, Charles de Foucauld...

No podemos decir: eso no es para mí. Todo dependerá de la altura, mejor, de la profundidad de la contemplación en que nos encontramos. Estos profetas no fueron excepcionales por nacimiento o por casualidad, sino porque se entregaron incondicionalmente y se dejaron arrastrar cada vez más adentro. Y aunque es verdad que este entregarse les exigió un estado interior de alta tensión, sin embargo, el escultor de tales figuras fue, es y será Dios mismo. No miremos sólo a tiempos pasados. En nuestros días y entre nosotros hay hombres que son viva transparencia de Dios."

Ignacio Larrañaga. Muéstrame Tu Rostro. Cuanto más se ora, Dios es 'más' Dios en nosotros.

"...En nuestra oración, debemos presentarle a Dios nuestras creencias, nuestros anhelos, nuestras disconformidades con nosotros, con nuestra vida. Y debemos presentarles nuestros pecados, nuestros lados oscuros.

La oración sólo libera cuando le permito ver a Dios mis abismos, mis cosas reprimidas, mis cosas excluidas de la vida, las tendencias homicidas de mi corazón, lo erróneo y lo oscuro, las pasiones del alma, las necesidades y deseos que están debajo de la superficie.

En la oración, puedo expresar mi miedo y mi desesperación. Puedo mostrarle a Dios todos los estados anímicos y los sentimientos que yo mismo no puedo explicarme. Puedo descubrir lo que he reprimido, lo que no he querido reconocer de mí mismo, porque me afecta mi honor, se quiebra la imagen ideal que tengo inconscientemente de mí...

Solamente si presento todo ante Dios, la oración me liberará. No necesito temer nada de mí. Todo puede ser, pero debe ser traído en relación con Dios. Lo que excluyo del encuentro con Dios es lo que me faltará en mi vitalidad, es lo que será excluido también de mi vida. Solamente me asaltará por la espalda y me dañará, en lugar de intensificar mi relación con Dios.

La oración no deberá ser piadosa, sino, ante todo, sincera. Rezar significa abrir todas las cámaras de mi cuerpo y de mi alma, de mi consciente y de mi inconsciente y dejar entrar a Dios, para que Dios habite la casa entera de mi vida y la ilumine."

Anselm Grün. Con el Corazón y Todos los Sentidos. Abriendo todas las Cámaras.

"No tiene sentido predicar
el Evangelio cuando no me he tomado el tiempo
para mi propia conversión."

The Primacy the Heart: Cuttings from a Journal. Citado por Chris Glaser en 'Meditando con Henri Nouwen'.

"La disciplina es la otra cara del apostolado. El apostolado sin disciplina es como querer correr una maratón sin habernos entrenado. La disciplina sin apostolado es como entrenarse todo el tiempo para la maratón sin llegar nunca a correrla.

Es importante, sin embargo, darse cuenta que la disciplina en la vida espiritual no es lo mismo que la disciplina en los deportes. La disciplina en el deporte es un esfuerzo concentrado para dominar el cuerpo, de manera que pueda obedecer mejor a la mente. En la vida espiritual es el esfuerzo concentrado para crear el espacio y el tiempo donde Dios pueda llegar a ser nuestro Señor y donde nosotros podamos responder con libertad la guía de Dios.

De este modo, la disciplina es la creación de límites que mantengan un tiempo y un espacio abiertos para Dios. La soledad requiere disciplina, la adoración requiere disciplina, ocuparse de los otros requiere disciplina. Todas estas cosas nos piden que separemos un tiempo y un lugar donde podamos reconocer la presencia gratuita de Dios y donde podamos responderle."

Henri Nouwen. Pan Para el Viaje. Crear Espacio para Dios.

"La búsqueda de Henri y la de sus escritos tienen que ver con el desarrollo de una disciplina espiritual que siga la vida en el Espíritu, que sirva como fundamento del ministerio.

El Espíritu puede soplar donde quiera, pero uno tiene que ubicarse en un lugar para recibirlo, así como uno tiene que abrir una ventana o ir afuera para sentir la brisa.

O, dicho de otro modo, Saulo nunca hubiera tenido la experiencia de conversión que tuvo en el camino a Damasco si no hubiese estado, en principio, en el camino. Así pues, debemos encontrar caminos espirituales y recorrerlos."

Chris Glaser. Meditando con Henri Nouwen.

"...Los verdaderos libertadores y los grandes comprometidos en la Biblia fueron los capaces de resistir la mirada de Dios en el silencio y la soledad. Y, por cierto, no un Dios de golosina sino Aquel que incomoda, desinstala y empuja al "adorador" por la pendiente de la paciencia y la humildad hacia la aventura de la gran liberación de los pueblos. Si la contemplación no logra estos efectos, será cualquier cosa menos oración."

Ignacio Larrañaga. Muéstrame Tu Rostro.

"Aunque orar es fundamentalmente obra de la gracia, es también un arte, y como arte está sometido, a nivel psicológico, a las normas de aprendizaje como en cualquier actividad humana. El orar bien exige, pues, método, orden y disciplina. En una palabra técnica.

...La técnica, sin la gracia, no logrará ningún resultado. Pero, en sentido inverso, he observado también muchas veces y a simple vista que fuertes llamadas, almas dotadas de alta potencia, han quedado en las primeras rampas de la vida con Dios por falta de esfuerzo o disciplina, cuando en realidad habían 'recibido' alas y fuelles para ascensiones extraordinarias.

...Muchos emprenden la ruta de la oración. Algunos la abandonan casi de entrada, diciendo: Yo no nací para esto. Dicen también: es tiempo perdido; no veo los resultados. Otros, fatigados, se detienen en las primeras rampas, se estacionan en la mediocridad, continúan en la actividad orante pero a ras de tierra. Hay también quienes avanzan, entre dificultades, hasta las regiones insondables de Dios.
El enemigo principal es la inconstancia, la cual nace de la sensación de frustración que sufre el alma cuando se da cuenta de que los frutos no llegan o no corresponden al trabajo desplegado. Tantos esfuerzos y tan pequeños resultados, dicen. Tantos años dedicados a la oración y tan poco progreso.

...Si las almas que acometen la subida a Dios... no comienzan por darse cuenta y aceptar con paz la naturaleza gratuita y desconcertante de Dios, van a hundirse muchas veces en la confusión más completa. La observación de la vida me ha llevado a la conclusión de que la razón más común para el abandono de la oración es ésta: en la vida con Dios, a muchos, a veces, todo les parece tan sin sentido, tan sin lógica, tan sin proporcionalidad, que acaban teniendo la impresión de que todo es irreal, irracional... y lo abandonan todo.

...Todo lo más grande de este mundo se ha conseguido con una ardiente perseverancia."

Ignacio Larrañaga. Muéstrame Tu Rostro.

"...Podemos pensar a Dios sólo en términos de contradicción. Dios es el Creador infinito, pero también es el que se ocupa ahora de mí, el que ahora me contempla con amor. Dios es el que ha creado el enorme Universo, pero también está en mí, es más íntimo en mí de lo que yo soy en mí mismo. Dios es el Padre misericordioso que me recibe con amor, pero también es el Señor ante quien no me queda más que caer postrado. Dios me es familiar, porque se me ha manifestado y porque lo he encontrado en mí mismo; pero, a la vez, es otro totalmente diferente, que no está a disposición, que no puede ser comprendido, que siempre está cuestionando nuestros dogmas teológicos.

Si verdaderamente encontramos a este Dios y no los conceptos de nuestra teología, nos irá como a Job, que debió convertirse tras sus luchas con Dios: 'Te conocía solo de oídas, más ahora te han visto mis ojos. Por eso retracto mis palabras, me arrepiento en el polvo y la ceniza.' (Job 42:5 y ss.)."

Anselm Grün. Con el Corazón y Todos los Sentidos. La oración: un encuentro con Dios.

"La experiencia de la plenitud de los tiempos, durante la cual Dios está tan presente, es tan real, está tan tangiblemente cerca, que nos resulta difícil imaginar que otros no vean a Dios como nosotros. Se nos da para que se haga más honda nuestra vida de oración y para fortalecer nuestro ministerio. Haber experimentado a Dios en la plenitud del tiempo nos deja con el deseo de estar con Dios y de proclamar a Dios a los otros, tal como nosotros lo experimentamos. Y es un deseo que dura toda la vida.

...Algunas personas dicen, ...'yo soy una persona común y corriente, no soy un místico'. Aunque algunas personas tienen experiencias únicas de la presencia de Dios, y por lo tanto tienen misiones únicas para cumplir, anunciando la presencia de Dios en el mundo, todos nosotros (educados o ignorantes, ricos o pobres, visibles u ocultos) podemos recibir la gracia de ver a Dios en la plenitud de los tiempos.

Esta experiencia mística no está reservada para unas pocas personas excepcionales. Dios quiere ofrecer ese don a todos sus hijos, de un modo u otro.

Pero debemos desearlo. Debemos mantenernos atentos e interiormente alertas. Hay personas a quienes la experiencia de la plenitud de los tiempos les viene de manera espectacular, como sucedió con san Pablo cuando cayó al suelo desde su cabalgadura en el camino a Damasco (Hechos 9:3-4). Pero a algunos nos viene como un murmullo o una brisa muy suave que toca nuestras espaldas (1 Reyes 19:13). Dios nos ama a todos y quiere que todos lo sepamos de una manera muy personal."

Henri Nouwen. Pan para el Viaje.

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