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Textos Elegidos: La Muerte De Un Hijo

Palabras de consuelo con algunas reflexiones para aquellos padres que tuvieron que pasar por la dolorosa experiencia de perder un hijo

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Textos Elegidos: La Muerte De Un Hijo

Palabras de consuelo con algunas reflexiones para aquellos padres que tuvieron que pasar por la dolorosa experiencia de perder un hijo.

"Mi querida amiga Rose acaba de llamar de Oakland, California, para decirme que su hijo John murió ayer, a las nueve y media de la mañana. Su voz estaba llena de dolor y desolación. 'Es tan difícil, tan difícil, tan difícil seguir creyendo, en medio de todo esto -dijo-. 'Me siento más perdida y más angustiada que cuando murió Dan (su marido)'. Escuché su llanto, su profundo sentimiento de soledad, su desesperación.

Pero también dijo palabras de consuelo: 'Oh, Henri, la gente del hospicio fue tan buena, tan llena de amor, y de cuidados. Muchos son gays o lesbianas, y unos pocos pertenecen a alguna Iglesia o creen en Dios, pero su amor por Johnny era tan hermoso, tan profundo, tan generoso. Muchos abandonaron su trabajo sólo para estar con sus hermanos y hermanas que estaban muriendo... Johnny ha sido amado hasta el final... Sólo quería que lo supieras'. Sus palabras eran como gotas de esperanza en un mar de desesperación, indicios de gratitud en medio de un abrumador sentimiento de pérdida, destellos de luz en una profunda oscuridad.

Le dije: 'Johnny te amaba tanto y me dijo cuánto significaba para él tu amor por él. Aférrate a eso. Tu dolor es profundo porque sufriste con él ese largo viaje hacia la muerte. Tú y él eran tan abiertos el uno con el otro. No se ocultaban nada. Viste y sentiste su lucha, y él vio y sintió la tuya... Va a ser muy duro para ti... muy duro... pero sé que tu amor es fuerte y hermoso'.

No conocía a John muy bien, pero hace unos años, cuando estaba en San Francisco, Rose me lo presentó y pasamos tiempo juntos. John me contó acerca de su homosexualidad y de su vida en la comunidad gay de San Francisco. No trató de defender su forma de vida, o disculparse por ella.

...Mi tiempo con John y Rose me mostró el poder devastador del sida. John no podía estarse quieto por un minuto. Como animal salvaje, aprisionado en una jaula, no podía encontrar descanso, y todo su cuerpo se movía por el dolor. Ver su agonía y no poder hacer nada, saber que sólo se pondría peor, era casi intolerable. Pero me impresionó el cuidado que lo rodeaba. Muchos de los pacientes con sida son rechazados por su familia y amigos. Pero el amor de Rose por su hijo se hizo más fuerte, día tras día, durante su enfermedad. Ni condena, ni acusación, ni rechazo, sino el amor que sólo una madre puede dar. Y Mike, el compañero de John, dio a su amigo enfermo cada minuto de su tiempo y cada gramo de su energía. No había quejas, no había señales de irritación, sólo una presencia fiel.

...En agosto, volví a ver a John. Estaba menos inquieto, pero sufría de terribles mareos. 'Quiero morir -dijo-, ya no puedo soportar más'. Le pedí que aceptara la muerte cuando viniese, y que no la apurase. Hablamos del amor de Rose y de Mike y cuánto significaba él para ellos. 'Trata de vivir para ellos, tanto como Dios quiera que vivas', le dije.

...Hoy, John va a ser cremado. El martes, habrá un servicio en su memoria. Rose estará allí. Mike estará allí, y también lo harán la mayoría de sus hermanos y hermanas. Extrañaré no poder estar con ellos. '¿Puedo hacer algo?', le pregunté a Rose por teléfono. 'Si quieres, manda algún dinero a la gente del hospicio de San Francisco, para su trabajo. Cuando vinieron a ayudarme a lavar y perfumar el cuerpo de John y a llevárselo, nos dijeron que Johnny era la cuarta persona que moría de sida ese día, en San Francisco. Esta gente es tan cariñosa, tan llena de amor, tan buena... puede que no todos crean en Dios, pero ciertamente me ayudan a creer a mí'.

Le agradezco a Dios por haber conocido a John y haber llegado a conocer, de una forma nueva, el misterio inextinguible del sufrimiento y del amor".

Henri Nouwen. Camino a Casa. Sentir el dolor. La muerte de John

"En los cursos para padres que han perdido hijos puedo percibir el inconmensurable dolor de los padres cuando muere un hijo. El duelo parece no tener fin. Los padres se sienten como si les hubiesen arrancado parte de sí con violencia. Es una herida que no quiere sanar. Al mismo tiempo, se sieten abandonados en su dolor. Observan cómo amigos o conocidos se cruzan al otro lado de la calle cuando ellos se acercan. Se sienten como si fueran leprosos. Tienen la impresión de que no tienen derecho a vivir con su duelo. Se preguntan si los demás se sienten desvalidos frente a esta situación o si no quieren saber nada porque les da mucho miedo e inseguridad. Tratan de disculparlos, pero esto no mitiga su dolor.

Cuando la virgen María perdió a su hijo en la cruz no se retrajo ni se aisló. Lloró la muerte de su hijo orando junto a los apóstoles. La oración en común le ayudó. Se llenó del Espíritu Santo y despertó a una nueva vida. Muchos padres que han perdido hijos carecen de un grupo donde puedan llorar la muerte del hijo junto con otras personas. Muchos forman grupos de auto ayuda. Tienen necesidad de hablar de su dolor y expresarlo con llanto, sin reprobación por parte de otros. Pero pese a la ayuda que puede brindar el grupo, los padres sienten que la vida se ha vuelto tenebrosa. Pierde sentido. El niño al que dedicaron tanto amor y desvelos ya no existe. La dicha de imaginar lo que podría ir surgiendo en el niño está destruída. Está muerto. Ya nada podrá desarrollarse en él. Ya nunca les deparará alegrías. La muerte de un niño también pone en tela de juicio la imagen de Dios. Se ha quebrado la imagen del Dios bueno y misericordioso que cuida de la familia y protege a los niños, todavía no se hace presente en los deudos una nueva imagen viable de este Dios.

No obstante, hay padres que se nutren de su fe en Dios para desarrollar la fortaleza que necesitan para hacer frente a la muerte de un hijo. Ni padres ni allegados pueden saltear el duelo. Estos deben abstenerse de intentar consolar vanamente con palabras a los padres. Lo que los padres necesitan es contar con personas que no se acobarden ante su duelo; que están a su lado en silencio sin palabras piadosas; que soporten su dolor, su llanto, su ira sin pretender apaciguarlos. Sólo cuando los padres hayan hecho el duelo por el hijo muerto, podrán recuperar fuerzas y cambiarán su actitud frente a la vida. En algún momento sentirán que muchas cosas a las que adjudicaban valor ya no tienen importancia. El hijo muerto les hará recordar una y otra vez lo que realmente importa en la vida. Es indiferente cuánto rindo, cuánto vivo. Sólo importa la intensidad con que vivo y la huella que dejo en este mundo.

...La tragedia trastorna la estructura familiar. Hay veces en que la muerte une más a los padres; otras, en que los distancia. En lugar de llorar la muerte del hijo se hacen reproches, se acusan de ser culpables o de haber descuidado al cónyuge durante la enfermedad del niño. A menudo están tan absortos en su duelo que ignoran a los otros hijos. Los hermanos, que ya de por sí sufren la muerte del hermano, sufren además el abandono de los padres. Pero también ellos tienen necesidades. Necesitan que se les dedique atención; necesitan una vida normal con sus problemas propios. Tienen la impresión de que deben reprimir sus necesidades y preocuparse por que les vaya bien a los padres. Esto hace que pasen por alto sus propios sentimientos. Un hombre reconoció mucho después de la muerte de su hermano que lo único que le interesaba era hacer felices a sus padres. Esto se transformó en modelo de vida: hacer feliz a todo el mundo. Pero en este intento se excedió de una manera atroz y terminó totalmente descarriado a causa de las desilusiones que debió soportar. No es fácil para los padres ocuparse adecuadamente de los hermanos durante la enfermedad de un niño o tras su muerte repentina por accidente o suicidio. No es fácil tener en cuenta sus necesidades y conflictos internos. Tampoco ellos deben exigirse por demás. Necesitan disponer de tiempo para sí. Pero también los otros hijos los necesitan. En ocasiones, éstos, con problemas totalmente diferentes, pueden ayudar a los padres a volver a interesarse por la vida y tomar, por momentos, distancia del duelo.

...El cometido que deben cumplir el padre y la madre después de la muerte de un hijo es percibir lo que está sucediendo con los hermanos, mostrar comprensión y estar atentos a la ayuda que puedan necesitar. Hace falta mucha sensibilidad para hacerse justicia uno mismo y, a la vez, estar a la altura de los requerimientos de los hijos".

Anselm Grün y Magdalena Bogner. La Aventura de la Vida. Guía Espiritual de la Familia

"Estando yo en la ciudad de Funchal, en la isla de Madeira, impartiendo Encuentros, una tarde me llegó un desoladora noticia de que mi hermano menor, el último de los nueve hermanos, había muerto en un accidente.

Aquella noche fue imposible conciliar el sueño. Me levanté y allí mismo escribí este memorial:

'Silencio y paz.
Fue llevado al país de la vida.

¿Para qué hacer preguntas?
Su morada, desde ahora, es el descanso
y su vestido, la luz. Para siempre.

Silencio y paz. ¿Qué sabemos nosotros?
Dios mío, Señor de la historia y dueño del ayer y del mañana,
en tus manos están las llaves de la vida y de la muerte.
Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a la morada santa,
y nosotros cerramos nuestros ojos,
bajamos la frente y simplemente te decimos: Está bien, sea.

Silencio y paz.

La música fue sumergida en las aguas profundas, y
todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas.
Se acabó el combate. Ya no habrá para él lágrimas, ni luto, ni sobresaltos.
El sol brillará para siempre sobre su frente,
y una paz intangible asegurará definitivamente sus fronteras.

Señor de la vida y dueño de nuestros destinos,
en tus manos depositamos silenciosamente este ser entrañable que se nos fue.

Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos
transitorios, duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna,
en todo seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.

Silencio y paz".

Ignacio Larrañaga. Pinceladas. Las Fuerzas de la Decadencia

"Un día, tras larga peregrinación, llegaremos a un mundo que la mente jamás podrá concebir, a un cálido hogar soñado desde siempre. Es verdad que todo acabará, pero todo comenzará.

En la puerta de la Casa nos espera el Padre con una mesa preparada y adornada con flores de manzano. Nos reconocerá. Nos dará la mano. Nos sentaremos a la mesa y comenzará la fiesta, una fiesta que no tendrá término. Y por fin sabremos dónde está el secreto de la perfecta alegría.

Dios mismo acabará por saciar todas las expectativas de los corazones. La enfermedad de la humanidad, desde siempre y por siempre, es la soledad existencial. Dios mismo acabará por poblar esa soledad existencial con un océano de dulzura.

Aquel día el mar borrará las huellas del dolor. El viento secará las lágrimas. El amor y la muerte se abrazarán, y por los espacios infinitos no habrá otro quehacer que nadar en la alegría sempiterna del mar de Dios".

Ignacio Larrañaga. Plenitud de la Vida. Las Fuerzas de la Decadencia

"A los que lloran Jesús les habló así: Mi padre los pondrá sobre sus rodillas como a niños heridos y, uno por uno, les secará las lágrimas. Y no habrá madre en el mundo capaz de acallar el llanto de sus pequeños como lo hará mi Padre. Es verdad que sus valles están surcados de lagunas de lágrimas pero en el país de la Vida no habrá luto ni lamentos".

Ignacio Larrañaga. Plenitud de la Vida. Las Fuerzas de la Decadencia


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